La experiencia sobre el terreno de Amine Ridene ilumina las transformaciones de un mercado en ebullición
Por el equipo editorial de EnergyProMag
La monitorización energética atraviesa una fase de transformación radical. Durante mucho tiempo limitada a la simple lectura de contadores y a la facturación, ahora se impone como una herramienta de dirección estratégica en el corazón de los retos de competitividad y descarbonización de las empresas francesas.
En un contexto marcado por la volatilidad persistente de los precios de la energía y el endurecimiento del marco reglamentario (CSRD, Decreto Terciario, ISO 50001), hemos entrevistado a Amine Ridene, especialista en rendimiento energético que recientemente ha dirigido un proyecto de envergadura en el sector farmacéutico con el proveedor Wattnow.
Su análisis revela las tensiones de un mercado a dos velocidades: por un lado, una oferta tecnológica que nunca ha sido tan eficiente; por otro, pymes y empresas de tamaño intermedio que todavía tienen dificultades para dar el paso.
La revolución silenciosa del IoT y la inteligencia artificial
La primera constatación de Amine Ridene es inequívoca: la monitorización energética ha basculado hacia una nueva era tecnológica.
La convergencia de tres disrupciones tecnológicas redefine los estándares del sector. Las plataformas en la nube han permitido primero centralizar y acceder a los datos de consumo en tiempo real, desde cualquier terminal. Una evolución que parece banal hoy, pero que representa un cambio fundamental en la manera de gestionar la energía.
La integración masiva de sensores IoT constituye el segundo pilar de esta transformación. Estos dispositivos conectados, que se han vuelto más precisos, asequibles y sencillos de desplegar, amplían considerablemente el campo de posibilidades. Ya no se limitan únicamente a los centros industriales sino que ahora se instalan en todo tipo de edificios terciarios.
Pero es la llegada de la inteligencia artificial la que marca la verdadera ruptura. Los algoritmos de aprendizaje automático detectan automáticamente las anomalías de consumo, anticipan los picos de demanda y sugieren acciones correctivas incluso antes de que las desviaciones se traduzcan en sobrecostes. La monitorización pasa así de una lógica de constatación a una lógica de anticipación.
Esta sofisticación tecnológica se acompaña paradójicamente de una simplificación de la experiencia de usuario. Los clientes B2B exigen hoy interfaces intuitivas, accesibles desde el móvil y perfectamente integradas en su ecosistema de gestión (GMAO, ERP, BMS). La monitorización ya no es asunto exclusivo de los técnicos: se convierte en una herramienta de dirección para los responsables de la toma de decisiones.
Las pymes ante el muro de la adopción
Si los avances tecnológicos impresionan, el despliegue sobre el terreno sigue siendo desigual. Las grandes empresas y grupos industriales han invertido masivamente en estas soluciones. Las pymes y empresas de tamaño intermedio, en cambio, acusan un retraso preocupante.
Amine Ridene identifica cinco frenos estructurales que explican esta inercia.
El coste inicial de inversión encabeza las reticencias. Aunque los precios han bajado, el equipamiento completo de una sede con sensores, pasarelas y plataforma en la nube representa todavía un presupuesto que muchas empresas consideran elevado, sobre todo en periodo de incertidumbre económica.
La falta de competencias internas constituye el segundo obstáculo mayor. Instalar sensores no es suficiente: todavía hay que saber interpretar los datos, identificar los yacimientos de ahorros y dirigir las acciones correctivas. Ahora bien, son pocas las pymes que disponen internamente de un responsable de energía dedicado y formado en estos retos.
El desconocimiento del retorno de la inversión amplifica estas dudas. Pocas empresas saben cifrar con precisión las ganancias potenciales de un sistema de monitorización. Esta ausencia de visibilidad financiera hace que la decisión de inversión sea difícil de arbitrar frente a otras prioridades operativas.
Se añade a esto la complejidad técnica percibida. Para las empresas no industriales, la instalación de sensores, la configuración de plataformas y la integración con los sistemas existentes pueden parecer intimidantes. Esta percepción frena las veleidades, incluso cuando el interés es real.
Por último, la resistencia al cambio, a menudo subestimada, desempeña un papel determinante. La introducción de un nuevo sistema de monitorización trastoca las rutinas, impone nuevas disciplinas de seguimiento y puede suscitar temores legítimos en cuanto a la carga de trabajo adicional o a la puesta de manifiesto de disfunciones existentes.
Ante estos frenos, Amine Ridene aboga por un esfuerzo masivo de pedagogía y acompañamiento. La monitorización energética debe presentarse no como una carga técnica adicional, sino como una inversión productiva generadora de valor medible.

Las tecnologías que dibujan el futuro del sector
Más allá de las soluciones actuales, ¿cuáles son las innovaciones que estructurarán la monitorización energética del mañana?
El experto señala cuatro ejes tecnológicos mayores que configurarán los próximos años.
- El internet de las cosas va a proseguir su maduración con la aparición de sensores autónomos en energía, capaces de funcionar varios años sin intervención. Las redes inalámbricas de nueva generación (LoRaWAN, Sigfox, 5G) permitirán desplegar arquitecturas de monitorización cada vez más densas y granulares.
- La inteligencia artificial y el aprendizaje automático se impondrán como estándares. Más allá de la simple detección de anomalías, los algoritmos permitirán un verdadero mantenimiento predictivo de los equipos energéticos y una optimización automática y dinámica de los consumos en función de las limitaciones de producción, las tarifas en tiempo real y los objetivos de rendimiento.
- El tratamiento de los datos en tiempo real constituye una ruptura mayor. Se acabaron los informes mensuales consultados con varias semanas de retraso: la monitorización del mañana permitirá reacciones instantáneas, alertas inmediatas y una gestión fina, casi quirúrgica, de los consumos.
- Por último, aunque todavía emergente, la cadena de bloques energética suscita un interés creciente. Esta tecnología promete una trazabilidad total e infalsificable de los flujos de energía, particularmente pertinente para los intercambios de energía verde, las garantías de origen o las comunidades energéticas locales.
Estas innovaciones convergen hacia una monitorización aumentada, donde el análisis y la gestión estratégica priman sobre la simple recogida de datos.
Del informe a la gobernanza: la monitorización energética como herramienta de dirección
La mutación más profunda de la monitorización energética quizá no se sitúe en la tecnología, sino en su estatus dentro de la empresa.
Amine Ridene lo afirma sin rodeos: la monitorización energética ya no es una opción técnica, es un imperativo estratégico. Proporciona los datos fiables y precisos necesarios para la gestión de tres indicadores clave: los kilovatios hora consumidos, las emisiones de CO₂ asociadas y los costes energéticos.
Esta triple lectura permite priorizar las acciones de eficiencia energética basándose en hechos objetivos en lugar de en intuiciones. ¿Hay que invertir en el aislamiento de los edificios, modernizar el sistema de calefacción u optimizar los procesos industriales? La monitorización aporta los elementos de respuesta cifrados indispensables para estos arbitrajes.
En un contexto reglamentario cada vez más exigente, la monitorización se convierte también en una herramienta de conformidad. La directiva CSRD impone a las empresas informar de sus emisiones de gases de efecto invernadero de manera detallada y verificable. El Decreto Terciario obliga a los edificios a reducir sus consumos según trayectorias precisas. La norma ISO 50001 exige la implantación de un sistema de gestión de la energía estructurado y documentado.
En todos estos casos, es imposible demostrar la conformidad sin datos robustos procedentes de un sistema de monitorización fiable.
La monitorización se integra así en los planes climáticos de empresa y las estrategias de descarbonización del mismo modo que los indicadores financieros en la gestión económica. Se convierte en una herramienta de gobernanza energética de pleno derecho.
El intermediario energético, actor clave de la democratización
Ante los frenos persistentes a la adopción y la complejidad tecnológica creciente, un actor puede desempeñar un papel decisivo: el intermediario energético.
Tradicionalmente centrado en la negociación de contratos de suministro, el intermediario dispone hoy de una oportunidad mayor de ampliar su propuesta de valor. Amine Ridene identifica cuatro palancas de acción para estos profesionales.
En primer lugar, la sensibilización. Los intermediarios están en contacto directo y regular con los responsables de la toma de decisiones de las empresas. Por tanto, están idealmente posicionados para explicar las ganancias económicas y ambientales concretas de la monitorización, apoyándose en experiencias sectoriales y cifrados precisos de retorno de la inversión.
A continuación, la construcción de ofertas en paquetes. En lugar de vender por separado la optimización de los contratos de aprovisionamiento y las soluciones de monitorización, los intermediarios pueden proponer paquetes integrados que combinen compra de energía, instalación de sensores y acompañamiento en la explotación de los datos. Este enfoque global simplifica la decisión para el cliente y crea una relación comercial más duradera.
El intermediario puede también desempeñar un papel de interfaz neutral entre los proveedores de tecnologías (a menudo empresas emergentes o actores tecnológicos puros poco conocidos por las pymes) y las empresas clientes. Esta función de tercero de confianza facilita considerablemente la adopción.
Por último, la pericia independiente del intermediario constituye una baza mayor. Ante la multiplicidad de las soluciones disponibles y las promesas de marketing a veces excesivas, las empresas necesitan un asesoramiento objetivo para elegir la tecnología adaptada a sus necesidades reales. El intermediario, si desarrolla esta pericia, puede guiar eficazmente estas decisiones de inversión.
Esta evolución hacia el asesoramiento en rendimiento energético representa, según Amine Ridene, el futuro de la intermediación B2B. El modelo económico ya no se basa únicamente en la comisión de intermediación, sino que integra progresivamente servicios de valor añadido en torno a la gestión inteligente de la energía.
Hacia profesiones híbridas y orientadas a los datos
¿A qué se parecerá la profesión de experto en monitorización energética dentro de cinco años?
Amine Ridene anticipa una transformación profunda de los perfiles y las competencias. La automatización creciente de las tareas de información liberará tiempo para el análisis estratégico y el asesoramiento operativo. Los expertos ya no pasarán sus jornadas compilando datos o produciendo cuadros de mando: estas funciones serán asumidas por los algoritmos.
Lo esencial del valor añadido se desplazará hacia la interpretación de los datos, la identificación de las palancas de acción y el acompañamiento en la implementación de las recomendaciones. La profesión se volverá resueltamente más basada en datos, exigiendo a la vez una sólida cultura energética y un dominio de las herramientas de análisis de datos.
Los perfiles híbridos, que mezclan competencias energéticas, cultura digital y capacidades de gestión de proyectos, se convertirán en la norma. Esta hibridación de las competencias responde a una realidad: la monitorización ya no es un asunto técnico aislado, sino un proyecto transversal que implica a las direcciones de energía, mantenimiento, compras, sistemas de información y finanzas.
Amine Ridene concluye con una perspectiva que resume bien la amplitud de la mutación en curso: dentro de tres a cinco años, la monitorización formará parte integrante de la gobernanza energética de las empresas, del mismo modo que la contabilidad, el mantenimiento o el control de gestión. Ya no se percibirá como una herramienta opcional, sino como un elemento fundamental del sistema de dirección.
Experiencia sobre el terreno: un proyecto farmacéutico revelador
Para ilustrar concretamente estas evoluciones, Amine Ridene comparte la experiencia de un proyecto que ha dirigido en una empresa farmacéutica en colaboración con Wattnow, proveedor tunecino de soluciones de monitorización.
El despliegue ha consistido en instalar una red completa de sensores conectados en el conjunto del centro industrial, cubriendo los servicios generales (calefacción, ventilación, climatización, aire comprimido) y las líneas de producción. Estos sensores alimentan una plataforma en la nube que ofrece cuadros de mando personalizados y un sistema de alertas automáticas en caso de desviación detectada.
Los resultados obtenidos validan la pertinencia del enfoque: se ha medido una reducción del 14 % del consumo energético anual tras el primer año de explotación. Este rendimiento se explica por la combinación de varios factores: identificación y corrección rápida de fugas de aire comprimido, optimización de las franjas horarias de funcionamiento de los equipos, ajuste fino de las consignas de temperatura y detección de equipos obsoletos que necesitan sustitución.
Más allá de los ahorros directos, el proyecto ha permitido estructurar el proceso de gestión de la energía, obtener la certificación ISO 50001 y fiabilizar la información sobre carbono de la empresa en el marco de sus obligaciones CSRD.
Este tipo de experiencia concreta sigue siendo todavía demasiado escasa en el debate público sobre la monitorización energética, a menudo dominado por los discursos tecnófilos o las reticencias de principio. Sin embargo, muestra que las soluciones existen, que funcionan y que generan un valor medible.
Conclusión: la urgencia de una aceleración
La monitorización energética se encuentra en un punto de inflexión decisivo. Las tecnologías están maduras, los beneficios están demostrados, el marco reglamentario empuja a la acción. Sin embargo, la adopción sigue siendo desigual, frenada por obstáculos en gran parte superables.
La cuestión ya no es saber si hay que equiparse, sino cómo transformar estas herramientas de medición en verdaderas palancas de rendimiento estratégico. Los intermediarios energéticos, por su proximidad con las empresas y su pericia independiente, tienen un papel mayor que desempeñar en esta democratización.
El análisis de Amine Ridene lo recuerda con fuerza: en un contexto de transición energética acelerada, la monitorización energética ya no es un lujo reservado a los grandes grupos industriales. Es una necesidad para toda empresa que desee controlar sus costes, reducir su huella de carbono y cumplir con la normativa vigente.
El desafío de los próximos años será pasar de la experimentación a la generalización, del proceso voluntario al equipamiento sistemático. Las empresas que sepan anticipar esta evolución dispondrán de una ventaja competitiva duradera. Las demás corren el riesgo de encontrarse rápidamente en dificultades, privadas de la visibilidad necesaria para la gestión de su rendimiento energético.
Acerca de EnergyProMag: medio de referencia sobre los mercados B2B de la energía en Francia y en Europa. Análisis, interpretaciones y pericias para los profesionales del sector.